MI DESPERTAR - 28.7.2009
Publicado en Mi Despertar el 28 de Julio, 2009, 6:37 por Miguel José|
De nuevo abro la página y os cuento algo interesante, un momento que he dejado madurar para comenzar a desgranarlo lentamente, con la esperanza que os pueda servir de descanso en este nueva mañana en que te conectas a la página que ya conoces, o a la que te ha llevado la red, o quien sabe porqué estas aquí. El lugar ya lo he descrito en algún momento de estos despertares, la chiquilla también es conocida como Sus manos me indicaron el lugar, la postura y la situación y su rostro sonriente me acariciaba con esos ojos de cariño, de dejarme libre en los movimientos, de una pequeña voz que susurraba cómo me encontraba, de unos labios que se movían y a los que no escuchaba porque ya estaba en el limbo de aquella mañana de un mes de julio. Sonaba los líquidos de un cuerpo vivo, escuchaba las carreras de unas vena llenas de tráfico, de señales que hacían que mi silencio se llenara de la pasión de no hacer nada, de viajar por los estrechos lugares que podemos encontrar cuando la mente nos deja descansar, cuando el no hacer se convierte en la mejor herramienta para llegar a sentir desde la realidad que no sabemos que existe. Si pequeña, la verdad es que no escuchaba nada pero entendía que aquello era un antes y un después, un camino que se abre en la espesura de una llanura donde el mar aparece pintado en la sencillez de tu movimiento, de cómo podemos conectar los cables de unos aparatos que no necesitan instrucciones, de una escucha que no necesita oídos, y desde ahí llegar a entender lo que no tiene explicación. Tomabas la forma que me hacía envolverme en lo más profundo de mi no existencia, en lo más íntimo de aquella concepción que se estaba acercando envuelto en la bolsa que el pequeño feto flotaba dentro de aquel spá de una mujer que ya no existe físicamente, pero escuchando su propia vida. Es mejor no entender las palabras de aquí adelante, simplemente dejarse llevar por el viaje de este viajero, por las aventuras de un cuerpo que nacía en las manos de quién ha podido hacerme llegar a ver nuevamente la luz de aquella mañana en la que tomaba el camino que me hizo llegar hasta aquí. Veía las ventanas abiertas, los toldos bajados, las miradas enjutas para esperar aquel mes de agosto a que volviera nuevamente a la vida, pero que la mentira pudiera aprender a ir tomando forma para llegar a lo que la verdad nos llega a esconder tantos atributos que tenemos guardados en nuestra caja de herramientas para poder utilizarlas cuando mejor nos venga. El viaje de lágrimas podía escucharse en todos los confines de mi propio cuerpo, del cuerpo que pegado a mí me dejaba viajar libremente, de sus manos acercando lentamente la energía que no vemos pero de la cual nos alimentamos, para experimentar una aventura que no tiene palabras, que no puedo describir porque no tiene escenas concretas que podamos ilustrar lo que pude sentir y conocer. Y aquí llega la escena del salón, si que se que me he saltado mucho, pero eso ya no puedo entregaros porque no se como hacerlo, lo que si entiendo es que las mantas nos acompañaban por aquel pasillo en el calor que se endurecía en la mañana en que pude caminar de una lejanía que había aparecido en la camilla que ya no podía sostener para la siguiente aventura. De veras que me pareció gigante, que la fuerza que salía de mi interior era insuficiente para poder abrir la cortina, el tubo por el que iba a nacer de nuevo, por donde la luz me enseñaba las escenas de un nuevo mundo, y así de unas entrañas inexploradas comenzaba a sentir las contracciones, la escena afuera comenzaba por la rotura de la bolsa que durante meses me había servido de casa, de mi propio espacio donde disfrutar de ella, de mí, de sus palabras y el sonido de su corazón, del sello que hoy llevo guardado en aquella experiencia que volví a sentir de nuevo. Decía gigante pero sus kilos no son tantos, simplemente una preciosa chica que luego se abrazó en el sentido que no entendemos pero que siempre disfrutamos después de cada experiencia, de veras Eva que te sentí enorme, y lo primero que te dije era que tenías mucha fuerza, pero comprendo que la fuerza fue mía, que todo aquello nos hizo reírnos mucho, conocer algo distinto. He dejado el tiempo necesario para acompañar estas palabras con la sencillez de poder darte las gracias, por haber vivido una nueva aventura, claro que la del sofá fue todavía mejor, pero me siento sincero y a la semana siguiente volví a nacer de nuevo en el silencio de un retiro en Castellón donde aprendí algo nuevo, pequeño dirían algunos, enorme siento yo desde este rincón desde donde puedo todos los días volver a comenzar de nuevo en este tranquilo despertar. Miguel Jose |
