MI DESPERTAR - 3.7.2009
Publicado en Mi Despertar el 3 de Julio, 2009, 8:37 por Miguel José|
Los árboles también lloran, gritan, sueñan y despiertan al amanecer de una noche cualquiera, en el atardecer de aquellos cielos rojos, en las respuestas que aparecen tranquilas en una noche cualquiera que podemos encontrar cerrada a las miradas de aquellos que no desean esperar a que la luz vuelva nuevamente a dejar encallado ninguna barca en el oleaje de los sueños que no pueden detener. Porqué la naturaleza nos va componiendo con el pasar de los años, con la mirada en los colores que van desgranando el arco iris de cada retina que se detiene por completo en esperar a una jubilación donde las horas corren despacio, las noches aumentan de tamaño, los sonidos se deshacen ante la atenta mirada de aquellos que comprendían lo que ahora dejan de soñar. Nadie muere si no es por su expreso deseo, porque en el testamento de sus pensamientos han dejado en unas líneas la espera que hacen todas las mañanas en la puerta que dejan abierta para que llegue con su guadaña, con la imagen que nos dejaron en aquellas historias de un terror que ahora completa las venas de los soñadores de muertos, de imágenes que aparecen fuera del lugar que les corresponde. Charlas y mas charlas sobre lo que sucedió ayer, nunca empiezan con el futuro tranquilo de poder respirar, de encender cada mañana sin tener que esperar a que el despertador cante como los gallos en los días que esperan llegar en la lluvia de los calores que hacen caer las hojas que se agarran fuertemente en invierno para no morir congeladas. Cuatro estaciones en una la que eligen para vivir dentro de su propia tumba, abierta hasta que la oscuridad la cierre para comenzar de nuevo a peregrinar por una esfera de luz que se abre y cierra en la voluntad de quien no piensa,de quien no deja llover sin el agua que no ha podido evaporarse de los truenos y relámpagos de cada tormenta que arrecia dentro de un pequeño diálogo que va tornando gris en los colores que han dejado de existir. Es la hora de colocarnos en traje, de morir en el entierro, de dejar la imagen para que aquellos que nos quieren recordar puedan imaginar lo que fue aquel que rellenó los espacios que ahora permanecen quietos e inquietos ante un nuevo inquilino que ha llenado de nuevo el material que cubre la esfera de este envoltorio que llamamos vida, o quizás de comenzar a morir de nuevo para empezar desde la primer partida a ganar en todos los terrenos de este sencillo espacio que llamamos tierra. Miguel José |
