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Qué es el conflicto sino la vida misma, qué encontramos en el conflicto sino a nosotros mismos, qué recibimos del conflicto sino aquello que ahora podemos aprender para descifrar el código secreto que quedó grabado en los años que la infancia daba paso a una adolescencia en donde la madurez solo es un proyecto a largo plazo.
Parece sencillo caminar por el teatro de estos sueños sin mirar hacia atrás, sin recordar que como trabajadores de una gran empresa, podemos dignificar la profesión en aquellas palabras positivas que nos hagan sentirnos verdaderos, que no nos empujen a creer siempre que todo está mal, que aunque en una gran mayoría pueda parecerlo, en realidad estamos aquí para evitarlo.
Hablan los ecologistas de salvar la tierra, de separar los desperdicios para que podamos vivir sin menos basura, de amarnos de verdad para evitar que el odio y el rencor nos deje el cáncer que nunca podrá tener cura, porque los únicos medicamentos se encuentran dentro de nosotros mismos.
Podemos avanzar en nosotros mismos, en nuestra propia vida, en los conflictos que nos rodean desde el amanecer hasta el anochecer, desde el lunes al viernes, desde el viernes hasta el domingo, desde el amor al trabajo, desde la sinceridad y el amor incondicional.
Se que todos llevamos puestos nuestras lentes, esos cristales que no nos dejan ver lo que en realidad queremos que así sea, pero todos, por muy pocos que nos contemos, somos conscientes que somos semillas y desde este momento podemos cambiar la palabra siempre, por a veces, la palabra todos por algunos, palabras que, en definitiva, curen desde dentro las heridas de unos puestos de trabajo en donde comiencen a llamarnos diferentes, comunicativos, simpáticos, y cariñosos.
Seguro que de los diferentes, de los que comienzan a colocar estos ladrillos bien puestos, los que se envuelven en la educación para ser invencibles, en mejorar nuestras conductas, en poder mirar a la cara cuando las circunstancias no sean tan agradables, en los que trabajan mas de la cuenta por incluso llevar sus propias tijeras para la faena diaria, desde ellos, decía puede surgir un nuevo orden de una empresa.
No vamos a creérnoslo, vamos a comenzar a practicarlo, a empezar cada día con una nueva frase, a observar qué nos sucede a nosotros mismos, a que los demás sigan en su camino, a que desde esta primera piedra podamos subir lentamente los escalones que algún día nos hagan ver las cosas de diferente manera, de querernos a nosotros mismos y no al otro que nos complemente, porque no necesitamos de nadie ni de nada para ingerir desde nosotros el alimento que nutre nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro corazón.
Cuando hace años me entregaban el acta de funcionario, lo primero que sentía era poder alejar de aquellos puestos a unos funcionarios de manguito, de ideas que yo no podía soportar, de miradas incomprensibles para un chaval que sigue inmerso, al cabo de muchos trienios, a poder valorar positivamente todo lo que nos rodea, a poder ver siempre lo positivo, a entender que las lecciones de la vida comienzan repitiéndose hasta que llegamos a aprobarlas, porque de esa manera podemos pasar a la lección siguiente, aunque sea dura, pero es la siguiente.
Gracias a ti, Celia, por conducir esta nave, por dejarnos estas semillas que plantar en nuestros puestos de trabajo, en nuestra vida, en los momentos en que un conflicto sea el mejor aprendizaje que nos puedan regalar y desde ahí comenzar a ver las cosas y a las personas sin filtro alguno
Gracias a todos por sentirme grupo, por entender que en un futuro cada uno pueda estar orgulloso de ese equipo que seguro le hará completar ese trabajo de madurez humana, de vivir en la realidad positiva que el mundo nos regala, que el Ayuntamiento ha puesto en nuestras manos, quizás con el esfuerzo de algunos sindicalistas en su fuerza y condición y que, además, la vida nos completa en cada nacer y morir.
Un abrazo,
Miguel José
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