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Hasta aqui he llegado en una vida completa, en días y noches donde la luz y oscuridad han caminado de la mano, en esas ciudades y plazas que adornaban las fiestas que acompañaban a los días en que me entregaba a las emociones que han completado un camino.
Los pies cansados pueden aún aguantar todo aquello que me entrega en los regalos que recibo de un momento en que el amor me acompaña como algo que brota de un interior cargado de ganas de vivir, de fuerza interior, de búsqueda de todo aquello que pueda hacerme comprender que soy un hombre en este lugar donde todos vamos buscando lo que ya tenemos.
No consiste en buscar la felicidad sino en que la felicidad es el camino, el origen y fin de unos años donde las etapas son paradas para repostar nuevamente un nuevo proyecto, en donde la mirada se estrecha cuando vamos perdiendo esos compañeros de viaje cuando deciden bajarse en paradas anteriores.
Cruzo el umbral de muchas puertas y tengo el sentimiento de comenzar de nuevo, siempre podemos dar un nuevo giro, nunca quedarnos en la calma, en conformarnos con la tranquilidad, pues entonces volveremos a vivir un nuevo terremoto que dejará todas aquellas cosas que nos rodeaban fuera de nuestro alcance.
En aquella juventud que me ha llevado a matricularme en la madurez sigo estudiando todos los días las asignaturas que me hacen desarrollar esta personalidad, la careta que me distingue entre los demás, el papel de reparto que recibí en los camerinos donde las sonrisas y las lágrimas acompañan a una intimidad que todos los días comparto.
Puedo mirar atrás pero no me apetece, he podido entender muchas cosas que ya no voy a volver a vivir, escribo las páginas que poco a poco voy disfrutando en los caminos que se abren siempre cuando la mirada sabe escuchar, cuando la actitud se complementa con la voluntad de empujar todo aquello que nos hace pararnos.
En el silencio siempre he escuchado las palabras que van naciendo de un corazón que puede encender nuevas palabras, frases que se conjugan en estos momentos como la chispa de una nueva aventura, como el poder mirarme a los ojos y ver la propia realidad de que me quiero, de que soy una persona que vive y se completa en las frases que no se escriben.
Cierro los ojos ante mi propia sombra, y escucho en mi interior la respuesta a la pregunta que tantas veces he querido escuchar, porque desde el silencio nacen las palabras de quién verdaderamente somos, de un ser completo que ha venido a este mundo a dejar una simple semilla que germinará en una tierra que nos ama.
Miguel José
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