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Hace unos días leía un escrito donde se anunciaba lo que podría pasar en un año, durante doce meses de este lugar llamado Tierra, en el devenir de todo aquello que ya está escrito, justo en este momento en que no puedo ver más allá de aquellos mensajes que me hablan de mi sendero.
Durante este período de tiempo se puede cambiar, transformar en una nueva personalidad, añadir horas a la meditación, conocer lugares nuevos donde poder recibir aquellas fotos que formarán parte de este álbum, quizás en un lugar nuevo donde la convivencia, el reconocer los regalos que nos entrega aquello que se llama futuro, hacen de este ser un hombre libre.
Curiosamente este blog, llamado Mi Despertar, nacía a la vida ocupando un nuevo espacio, un lugar importante en mi sendero hacia esa autorrealización de lo que supone ser mi madurez humana. Y colocaba en cada una de las páginas los momentos claves que en el día a día sentía compartir con todos los que viajan por la búsqueda en el ciberespacio de esta Nueva Era.
No se quiénes al otro lado se conectan y pulsan los botones que les hacen cambiar mi sentimiento, ese despertar que bajo una fecha ha sido escrito en la influencia de un ego que me hace disfrutar de un amor increíble, una forma de entender cualquier mensaje que aparece ante unos ojos que descansan en los límites de aquello que aún no conoce.
Es un regalo poder sentir las miradas, escuchar los comentarios que vais dejando a pie de página, ver cómo las estadísticas me hacen saber que puedo dejar unos minutos al sentir de quiénes ven algo que pueda hacerles comprender lo que es mi amor incondicional.
Desde la humildad de esta página, desde el deseo de poder entender lo que supone el ser un humano, puedo salir de esos muros que me impongo sin conocer el destino que tenían, ni la finalidad de porqué queremos viajar en las etapas que nos van haciendo crecer en el dolor de unas experiencias que saben a gloria cuando entiendo la letra pequeña.
Hace, pues, un año que estamos juntos cada mañana, cada tarde o cada noche en la compañía de un pensamiento que se creó con las manos de quien deja caminar sobre las teclas la sensación de poder hablar desde el infinito, desde ese lugar que llamamos interior, para conectar las miradas de unos pocos que se pierden tranquilamente ante algo que no tiene contraindicación.
Soy un ser agradecido y con el solo saber que una persona ha podido leer estos comentarios me siento satisfecho de conocer sin miradas, sin rostros, a los que desde el otro lado de la pantalla hacen que me encuentre libre pudiendo hacer aquello que me apasiona.
Escribir es un deseo de hace muchos años, un logro que nunca comprendí como vivirlo, que no podía hacerlo desde la esclavitud de mis propias palabras, desde aquellos palacios que fueron la residencia de quien no recuerda la memoria de su pasado, para ahora descargar los ficheros que se me van abriendo en cada silencio.
Gracias a todos los que de alguna forma me estáis ayudando a dejar esta huella para todos aquellos que en algún momento sientan descansar en las frases que muchas veces no se de donde me ha salido, pero que desde el amor incondicional, desde la fuerza de mi propio Ser, dejo grabadas en cada uno de los días del calendario que nos separa desde hace un año.
Un fuerte abrazo y daros las gracias por seguir juntos.
Namaste.
Miguel José
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