Me estreno en el papel principal de persona humana, con el reparto diferente por orden de aparición en la escena de unas madrugadas en las ondas de una radio que acompaña los sueños de aquellos que en su mirada esperan recibir unas palabras que acunen su cansancio.
Duelen aquellos temores que sobresalen en las conversaciones que intercambian en cada café los que se despiertan con el miedo de volver a empezar, de no poder destapar aquellas luces que saben que existen en la mesilla de una pequeña habitación cubierta del polvo que aún no han podido limpiar.
La cara no existe en aquellos momentos en que la música hace una pausa para dejar las palabras de quien se manifiesta por las ondas que viajan a miles de hogares, que penetran en los mensajes de quienes escuchan el silencio que quieren ahogar, las llamadas de unos seres que viajan por los lugares que la noche esconde dentro de su propio interior.
Salgo a la calle en las horas que las farolas comienzan su sueño, dejo el portal en el pasado después de que fuera la puerta que dejaba esconder aquellos intentos de querer escapar, empiezo a caminar lentamente hacia un lugar ya convenido, dentro de la ciudad que despierta con los calores de la noche anterior.
Las llamadas en el móvil se aprietan, los mensajes ya no caben, repletos de sentimientos, de pensamientos activos que esperan el recorrido de unos ojos sencillos, de unas esperas que se hacen importantes en la vida de quiénes han sacado lo mejor que guardaban en aquellos instantes en que una mirada no podía dejar el descanso en aquellos días de un verano.
Sigo adelante en mis deseos, en la espera que el Universo quiera hacerme llegar la buena nueva, en aquellos días y noches que han creado la personalidad, un ego suficiente de perderse por sí solo, dentro del comienzo de un período en que la esfera se mueve lentamente hacía la posición central para dejar su calor en las horas en que los hombres y mujeres se esconden para dormir una siesta que repare los madrugones que suponen la marcha a cualquier trabajo remunerado.
Hoy es la primera vez que enciendo mi vida, esa vida que se escucha en cada latido de mi corazón, una vida que abandona muchos caminos para sentir la mirada de un cuerpo que avanza humildemente entre aquellas colas y esperas que suponen la apertura de cualquier viaje en un tren que me espera para llegar juntos al mismo destino: el mar.
Namaste.
Miguel José