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MI DESPERTAR
MIGUELJOSE


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MI DESPERTAR - 31.3.2008

Una mirada amanecía dentro de mi cara,

Los labios esperaban que te despertaras,

La música envolvía los sueños que llegaban a su final,

La luz en aquellas tinieblas nacía lentamente.

Un lunes nos presenta la primavera en su horario de verano, dentro de nuevos formatos de un día que amanece después de los desayunos donde los anocheceres se dejan para más tarde, semilla de un nuevo verano que nos avanza las nuevas promociones de un espíritu que siente la juventud en su propio mundo.

Las nieblas se funden en aquellas nubes que hoy no amanecen,

La fina lluvia de un domingo cualquiera hace brillar los campos abiertos,

El final de aquellos tiempos figura en un pasado perfecto,

Llegamos a definir el futuro que siempre será perfecto por un presente tranquilo.

Al dibujar la lluvia en la nueva ducha de primavera, las aguas se abrían y cerraban en los hilillos que salían de aquel lugar donde se canaliza todo el manantial que decide la limpieza de un sudor que ha cubierto los poros que ahora despiertan al Ser que escucha cualquier pensamiento.

La humedad congela los cristales que han recibido los silencios de unos soñadores,

Cristales que envuelven la intimidad de quienes despiertan en la luz,

Amanecer que retrasa el sonido de aquellos pajarillos que revolotean en alegría,

Divinidad que alumbra cada paso en el sonido de aquellos pasillos oscuros.

El día comienza con un viento que acaricia aquella cara recién peinada, en el murmullo de unos caminantes que dirigen su mirada a los autobuses que esperan en las paradas el comienzo de un nuevo sentimiento de agradecimiento por revolotear hacia unos trabajos formados en la pasión de vivir.

Gracias desde la alegría de mi riqueza cargada de la abundancia de quien Yo Soy.

Namaste.

Miguel José

Publicado por Miguel José el 31 de Marzo, 2008, 12:40 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR EN EL RECUERDO - 8.3.2007

Unas lágrimas surgen de un rincón, nadie conoce a quien las pronuncia, nadie sabe porqué, quién entiende lo que no quieren comprender. Sabemos que un día amanece para todos por igual, que el Sol sale para todos, que surge de ese infinito que llamamos amanecer.

Y amanecen los llantos, las ilusiones perdidas, esos sentimientos de saber como un día le amaba, como ese amor tan profundo, tan sincero, tan dentro de ella se llenaba de caricias, de besos, de esos momentos que no salen a la luz, que se esconden siempre en el silencio de esa habitación.

La misma habitación que ahora no escucha el gemido del sentimiento, el sonido del silencio,  de un abrazo, de una sincera afirmación, de un pequeño beso en la mejilla, de esas miradas vacías, perdidas en aquellos momentos.

Momentos de rabia, de no poder con lo que no entiende, con lo que no puede, con lo que no quiere. ¡Basta ya!. No puedo desde estas líneas reprimir el resentimiento, de sentir que cualquier ser humano es amor, es presencia divina, es la creación de la vida.

Vida que muchos no entienden, vida que algunos destrozan, vida que no dejan vivir, vida que al fin y al cabo liquidan. Todo porque un día alguien sintió que era propietario de lo que no es de nadie, porque quizás no han sido amados, porque quizás no pudieron comprender que EL AMOR CONLLEVA LIBERTAD.

Quizás la reflexión sería enseñar el amor, vivir en el amor, creer en el amor, amar todos esos momentos en que nos encontramos a lo largo de todo el día: en el metro, en el autobús, el los atascos, en el mercado, en el parque, en el trabajo, en nuestro silencio, en todo lo que la vida nos regala.

Regalar amor, regalar paz, regalar abrazos..... Un beso en tu mejilla cierra este sentimiento. Gracias...

 

Miguel José.

Publicado por Miguel José el 31 de Marzo, 2008, 8:32 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 30.3.2008

Su boca no ha podido comer más, incluso apretando era imposible poder comprender porqué aquello se quedaba fuera, pero la resistencia era la realidad de lo que no debía acontecer, incluso al retorcer los mandos para que obedeciera, ni así lo conseguí.

Paseaba en algunos momentos cerca de ella y no me miraba, seguí en su programa escuchando una música que hacía variar según la grabación que en su memoria mantenía estrechamente ligada a todo lo que preparaba con el cálculo de cada segundo en el interior que no podía vomitar.

La escuchaba desde el salón, sabía que ella también me escuchaba, tenía los ojos con la lágrima de quien ha perdido la esperanza de poder recibir un simple lamento, pero otra vez volvía a escuchar su gruñido, su pasión por terminar la tarea que le llevaría algunas horas en finalizar.

De veras el color me daba igual, tampoco la veía desde el blanco, no sabía si tenia los tejidos como los míos, ni si tendría dolor en aquella carne firme, en aquel ojo que siempre mantenía dando vueltas, ni cuando el sonido de un clic impacientaba a los que desde el mismo lugar habían decidido no volver a escucharla.

Yo me tiendo un rato en el sillón y me llama con su sonido, ahora no quiero verla, ella me insiste y yo la niego la palabra, tengo que descansar y no quiero escuchar, solo imprimir en mi cabeza el silencio, la soledad de aquello que me lleva a disfrutar de la siesta, una media hora desde el cuerpo tumbado sobre unos cojines que aprietan estas carnes trabajadas en la integridad de mi propia digestión.

Releo un pequeño escrito sobre la mesa mientras mis ojos me abandonan, los párpados bajan las persianas para empezar a mostrarme los carteles de que estoy en el sueño, las primeras noticias de que acabo de volar sobre una nube de algodón, de que mi cabeza se encuentra escondida entre las arrugas que deja aquella pequeña almohada.

Veamos si quiero poder arrancar la risa de ella cuando siento que ya no llora, que ha dejado de imprimir velocidad en su final de programa, de arrancar las baldosas de una cocina que siempre escucha en los sonidos de la centrifugación a una lavadora que espera calmada desde el lugar donde hace unas horas no podía cargar más ropa que la adecuada al programa de lavado que tenía que ejecutar.

Desde aquí quería agradecer su esfuerzo, darle las gracias por no tener que apretar la ropa como hacían todas las madres hace cincuenta años, darle las gracias por ocupar un lugar pequeño en la pequeña cocina que ahora respira de un olor a limpio, a un suavizante que deja los poros de mi piel en el estado de una limpieza desde el programa que hoy ha sonado en su interior.

Te quiero aparato electrodoméstico que haces tu colada sin tener que alargar las manos en un agua fría ni caliente, te quiero porque haces de mi vida un sueño en donde puedo volver a dormir mil siestas de guardar en la digestión de una comida que tuvo el placer de cocinar tu amigo el microondas ayudado por la cocina de gas que tantas jordanas completáis sin mi presencia.

Namaste.

Miguel José

Publicado por migueljose54 el 30 de Marzo, 2008, 19:46 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 29.3.2008

Tenía un deseo en el alféizar de mi ventana, siempre asomado a la esquina que aparece en la luz que los soles que circulan todos los días por esta calle dejan la sombra que oscurece la presencia de quienes aún no han llegado por que cuando escribo con el pulso de mis dedos no conocían que la escritura se hubiera inventado.

Trae el lugar una semilla de quienes hicieron de esta barrio un nuevo patio de vecinos que se conocieron en aquellos años en que llegaban con los grandes pañuelos de nudos, todos ellos con las cacerolas y los pucheros que luego reventarían los estómagos de quienes no podían comprender que aquí se iba construyendo una gran ciudad.

Veo como el Sol hace una marca en la pared que visito con la mirada, apenas ahora coloca los rayos sobre una ventana cubierta por unos hierros que hacen de cárcel a quienes la habitan, como si fueran delincuentes impedidos de poder asomar su cuerpo entero a la justicia que reina en la acera, pero es lo que impide la inteligencia de quienes nos dejan la señal en el cuerpo del delito.

Me acerco más a esta pequeña ventana, esta puerta que el mundo me ofrece en estos minutos para orientar mi pensamiento en que la vida ahí fuera es más fría, tiene mas viento, más color, es más grande, quizás imposible de poder medir con la mirada, y os la acerco en la imaginación de quienes sienten que desde aquí puedo gobernar mi reino.

Soy el rey que tiene su trono en su corazón, en el órgano que se instruye todos los días de la sangre que circula sin prisas, pero sin pausa, de unos canales que se limpian a través de lo que siento en cada comida, en cada merienda o en la cena que sigue al desayuno que no recuerdo.

Soy el rey que ama desde este lugar a quienes pasean con bolsas de supermercados, con bolsos rellenos de objetos que utilizan en casos de emergencia, de niños que arropan a través de la mirada, de pequeños carros rellenos de las emociones que dejan en cada beso, de paseos que despiertan las venas de unas piernas muy cansadas de tanto respirar en los trabajos que duermen ahora en manos de los que llegaron después.

Soy el rey que tiene su isla en el lugar desde el que observo el trozo de la ciudad que me corresponde, que los cimientos me acogen para desvestir el rincón desnudo de esta calle que tengo que esperar a que se haga de noche para poder saludar en el paseo que he de llevar hasta el lugar que mi destino ha escogido en el pensamiento que acabo de ratificar con hora y lugar para el encuentro.

El futuro os aseguro que no existe, no hay algo para mañana, ni me dejo nada para que lo pueda consumir en las horas que van a venir, simplemente son los pensamientos los que quieren escapar hacia adelante para dejarme vacío, totalmente fuera de lo que soy y ahora cabalgo en el momento de este instante que se acaba de terminar para adelantar que ahora leeréis la palabra que siento dentro de mi corazón. Amor.

Es verdad, veis, esa palabra ya es pasado, pero esta es presente, bueno ya lo fue porque ya no está, pero hay que adivinar la realidad que está por llegar, que muchos llaman futuro, pero que yo os digo que ya existe, que no podemos comprobar que vendrá, sino que esa forma es la que utiliza el ego para martirizarnos, para dejarnos fuera de este bodegón que es el aquí y el ahora.

Sigo desde la ventana mirando mi presente, el cristal refleja mi rostro y ese es presente, si me acerco dejo una pequeña nebulosa de mi respirar tranquilo, si lo limpio queda la huella de aquella vez que la fuerza intenta hacer las cosas a su manera, depende del cristal desde donde lo encuentres podrás sentir la parte de ciudad que me ha tocado de una forma limpia y sana.

Hasta el despertar que viene seguiré esperando ver como el frío y el viento consiguen hacer andar las pequeñas hojas que aún se resisten a marchar por el corredor que ofrece la acera y el asfalto, y contaré como con sus ojos llenos de lágrimas se despiden del árbol que las hizo nacer en aquella primavera que ahora comienza con los nuevos brotes de las que dejaran un verano brillante.

Silencio, la escena continúa y las cuerdas donde están tendidas mis ropas se agitan muy fuertemente porque un pequeño pajarillo ha hecho su llegada al lugar donde mi rostro sigue en vigilia difundiendo la tranquilidad a quienes se acercan sin llegar a mi lado.

Miguel José

Publicado por Miguel José el 29 de Marzo, 2008, 11:50 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 28.3.2008

Recuerdo aquellos días en que la luz oscilaba en los candiles, las mesas tenían aquellas manchas en los lugares más extraños, los muros de aquellas casas se encendían con las nieblas de aquel humo que ennegrecía cada rincón, cada charla en unas horas en que solo despertaban los murciélagos que se habían encontrado caídos sobre cualquier tejado.

La oscuridad era la práctica de unos tiempos en que los filamentos de las bombillas aún no habían nacido, en donde la cera era la parte más interna de una iluminación que defendía lugares tiernos en pequeñas grutas del tiempo, de aquellos ancianos que llamaban a la modernidad lo imposible.

Todo se completa en aquellos momentos con una pluma de escribir, un pergamino que se erigía como posible tapiz de unos hombres que prendían la llama de aquella cultura, de la virginidad de unos pensamientos que daban la vuelta necesaria para poder perderse en cualquier trastero que dejaba enfriar las mentes que posiblemente pensaban en otros mundos.

Se empezaba de noche para perderse el día en los sueños de quienes dormían placidamente en la realidad que ellos mismos enlataban en los capítulos internos de cualquier volumen de la serie deseada, en el interior de aquellos patios de conventos, de lugares donde en la actualidad se respira el arte de aquellos que murieron en la clandestinidad de sus propios silencios.

Acaba todo lo que empieza en un final donde nace un nuevo sentimiento, en el lugar de aquellos momentos donde un amor surgía de un desengaño, donde un dolor salía de una enfermedad que ya se había curado, en aquellas tabernas ricas en decibelios y alcohol de unas destilerías ciegas en solemnidad.

Tejados rellenos de nubes, campos sin carriles de automóviles, cerros sin el correspondiente lugar a los postes que transmiten la luz de las candelas a los trenes de una velocidad inimaginable para los que podían pagar un billete en la clase única que inventaron los primeros ferroviarios.

Ahora bajamos un pequeño peldaño y nos encontramos en los lugares donde nació la naturaleza, donde el día se separó de la noche, donde la abundancia dejó paso a todos aquellos males que alguien inventó para poder sacar el propio beneficio de ver como las personas podían creer que todo aquello era cierto.

El camino no perdona, siempre deja su huella, siempre incomoda en cualquier rellano, en cualquier subida, en las bajadas que no tienen los escalones pertinentes, en las ascensiones a los acantilados que hacen finalizar cualquier viaje a ninguna parte.

Desde estas palabras se termina el despertar en la identidad de quien no conocéis, salvo algunos que del otro lado se han asomado a mi ventana para escuchar la canción de mi vida, los acordes de un sentimiento de amor, los pensamientos de un ser que cambia todo aquello que no le permite viajar en las nubes de ese nuevo sueño que despierta en cada inspiración.

Gracias desde este lado, y aunque no os veo a todos, os siento muy de cerca.

Miguel José

Publicado por migueljose54 el 28 de Marzo, 2008, 7:54 ~ Comentar ~ Referencias (0)


 
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