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MI DESPERTAR
MIGUELJOSE


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MI DESPERTAR - 30.11.2007

Se termina el mes de noviembre, el mes mayoritariamente de los escorpios, el mes que antecede al final de cada año, a ese mes de la constitución, de las cenas anticipadas con los amigos o compañeros, de las reuniones de toda la familia por navidad, de en casa de mi suegra o en la tuya, de la de la loteria, de esta noche es nochebuena que mañana es navidad, del volver a casa por navidad como nuestro querido turrón, de sentar a un pobre rico a nuestra rica mesa, de ser los los que más aman, de las uvas de la suerte, de las botellas de champán, de un próspero año nuevo, de los villancicos por las calles, de las compras de última hora en los grandes almacenes, del gentío que acompaña las noches que terminan siempre en un feliz año nuevo.

Terminan los días largos, los días en que las hojas morían en lo alto de cada rama, en donde la luna nueva ya se ha tornado en luna menguante, en donde unos besos que recordaban el pasado verano ya no existen en ninguna mejilla, de esos viajes que ahora se comprenden para pasar unos días fuera, de soportar el nuevo estrés de luces por las calles, de más gentes despistadas circulando por donde no se puede caminar, por comenzar lo que está finalizando.

Llega la navidad, claro que está a la vuelta del encendido de las calles principales de las ciudades, de esas luces que ahorran decepciones, llantos, peleas, de esas luces que encienden las risas de unos niños, de unos ancianos que viajan en su mundo recordando a aquellos que se fueron antes de apagar la vida misma.

Acaba el mes de noviembre sin que todavía comprendamos como curar el Sida, ni tampoco que hacer con el cáncer, ni mucho menos con esos virus que nos pronostican cada vez que vamos al médico y al final no nos enteramos que nos ha pasado, pero salimos con un dolor que te cagas.

Terminan los pronósticos de los videntes, los nuevos acontecimientos de un año que ya se va terminando, los telediarios van recogiendo en sus comentarios los programas dedicados a lo mejor del año, vamos matando lentamente el año que tanto queremos que pase porque no hemos tenido esa suerte que esperábamos o porque el próximo siempre se pronostica mejor.

Y comienzan los nuevos libros, las nuevas revistas, los nuevos comentarios de aquellos que dicen entender y venden aquello que sale de lo que ellos predicen, la suerte siempre para todos los Leo, o quizás para todos los Sagitario, o los mejores este año serán los Acuario. Claro es que todos son los elegidos y ninguno es el respectivo.

El finalizar de este modo parece fabricar el final de las guerras, el momento de la tregua de navidad, los conflictos que se esconden, las postales de ayuda parecen encenderse como las lucecitas de unos arbolitos que nos cuelgan de todos los bolsillos.

Los lamentos por aquello que aún está por venir, las mentiras que nos escondemos para no ser menos, los dolores que siguen guardados para que el año nuevo nos dejen, los miedos que siempre aparecen cada vez que no hacemos el ritual, las nostalgias de las uvas que han de ser de esta manera, o comer muchas lentejas para forrarte el año que viene, o caminar con el pie derecho como si el izquierdo no sirviera ni para mear.

Entramos y salimos de los años como si fueran el final o el principio, pero no nos damos cuenta que estamos en ellos siempre desde que amanecen hasta que su oscuridad es nuevamente encendida por el siguiente. Cabalgamos de doce a doce como de oca a oca y tiramos porque nos toca, aunque siempre nos toque perder, como dicen las voces populares.

Pero miramos desde otro lado, cambiamos la silla de dirección, movemos las agujas del reloj y vemos el mundo desde la realidad, desde la alegría de amanercer un nuevo día, desde el vernos vivos, hasta caminar despiertos sintiendo el frío o el calor, entrenándonos en problemas que no son más que simples enredos de mentes dormidas, saltamos de flor en flor en nuestras relaciones viéndo como nos regalan esos momentos que todos disfrutamos.

Enciendo la vela esta noche por todo aquello que viene a mi vida, por todo aquello que se va, por todo aquello que permanece, por todo aquello qué fué y por todos y para cada uno de los que se sienten libres en la realidad de un pensamiento que no nació en la mente sino en la vivencia de un corazón que día a día late con la fuerza que dentro de mi interior va convirtiéndome en un ser de luz, de paz y de amor.

Namasté.

Miguel José

Publicado por migueljose54 el 30 de Noviembre, 2007, 8:22 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 1.8.2007

Sencillez. Es una palabra que nos da idea de lo simple de las cosas. En no complicarnos en darle vueltas a los pensamientos, a los problemas, a tantos sentimientos que nos envuelven en más y más como un ovillo de lana.

Si miramos el día a día desde la sencillez de una mirada, desde la sencillez de un prado verde, desde la sencillez de unos niños corriendo por el parque, desde la sencillez de un día de playa, seremos más conscientes de que complicamos las cosas simplemente por no darnos ese momento de relax.

Cuando sentimos el color del día, el olor de la noche, los no pensamientos, cuando no tenemos problemas, cuando sentimos la brisa del mar en nuestro cuerpo y simplemente observamos como la piel se adormece, entonces nos entregamos a vivir ese momento sin ninguna otra construcción mental.

Hoy es un día para poner en práctica lo sencillo de muchos momentos que nos pasan desapercibidos por no pararnos y comenzar a desarrollar ese instinto de controlar nuestras emociones, o de simplemente ver en nosotros mismos la quietud que nos envuelve un simple amanecer.

Cuando iniciamos un paseo, simplemente nos dejamos llevar por nuestros pies, por esos instrumentos de un cuerpo sano, de un cuerpo lleno de vida, de un cuerpo que no nos paramos a escuchar, a dejarle que nos cuente sus sentimientos o simplemente escuchar el trabajo en el que se envuelve cada día.

Ahora es un momento sencillo, donde la brisa de la mañana entrando por esta terraza, me envuelve en un silencio, deja que mi pensamiento se aquiete, e incluso ningún pensamiento se aloja en mi mente. Es un momento que llamamos pausa, pero que no es calma, sino simplemente entrega a un instante de silencio.

La terraza invita a que veamos el mundo desde lo alto, y nos deja soñar con unos instantes para ver pasar los coches, las personas, esos camiones que reparten los materiales necesarios para que la pequeña ciudad recupere su vida.

Ahora el silencio en mi interior me invita a reflexionar de que sencillamente puedo abrirme a todo sin necesidad de tener que crear problemas, o dejar que tantos pensamientos me inunden, pues la sencillez de estos momentos de quietud me invitan a poder llegar a mi interior e inundarme de él.

Silencio en este miércoles primero de agosto, donde la relajación por no ir al trabajo, donde la relajación del tráfico, donde la relajación por comprender que un instante junto a un café en la terraza nos deja ese sentimiento de saber que nosotros mismos somos aquello que nos brota de un interior tan rico.........en nosotros mismos.

Un beso a todos, y disfrutar de estos momentos de silencio y descanso....

Miguel José                  

Publicado por migueljose54 el 30 de Noviembre, 2007, 8:19 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 29.11.2007

Salía por aquella ventana el olor de una comida recién preparada, los sabores se habían reconciliado con el asado y los manjares que acompañaban a tanta belleza hacían que la saliva desbordara alguna imagen sentado junto al horno de leña con la cuchara en la mano y la servilleta al cuello, como de un sencillo babero, escurriendo el trozico de  pan, en las noches que recuerdo junto a la abuela.

El lugar es oscuro y las miradas casi no existen, los cerrojos están haciendo su trabajo y los miedos casi se empujan en las calles que aparecen contorneándose frente a la pequeña plaza donde pude dejar el coche.

La mirada se quedó pensativa, el sueño que atraía a mis ojos procedía de aquellas voces y risas, de murmullos en gritando junto a la pequeña tasca que todavía aún quedaba fuera del horario establecido de cierre.

Fue en la pequeña plaza, en el centro de todo el silencio de aquel momento donde me dic cuenta que procedía de un linaje que no recordaba, que aún no quiero trasladar, que no me dejo que me esclavice, que no siento tener que reconocer, pues aún tengo trabajo y nadie sabe de donde ni para qué.

Tengo la intuición muy fina, es como el olfato de los pequeños perros callejeros, muy afilado en la tierra de aquellos que lo tienen todo, en los lugares donde no se tira lo viejo porque no existe.

Salgo de mi distracción, de ese pequeño éxtasis que me ha dejado unos minutos absorto en los pensamientos que me atormentan desde hace algún tiempo, lugar a donde me ha llegado el olor de ese menú, quizás de algún lugar cercano y que por la ventana que aparece abierta ha dejado el resquicio de un pasado ya poco hecho, o quizás todavía no bien digerido.

Son malas las digestiones cuando te quedas a medias, quizás son peores cuando hay ingredientes que aún no comprendes que no debes tomar, cuando al dejar al estómago trabajar, te das cuenta que no has pensado que él también tiene su corazoncito y su orgullo se deshace al ver su dolor penetrar en tus carnes.

Me pierdo en estas frases, pues aún ando perdido, aún mi cuerpo espesa, mi sangre todavía no está tan líquida como los fluidos que la acompañan, porque seguramente la orden al cuerpo todavía no ha llegado a todos los puntos.

Finalmente el preciso momento en que despierto, en que vuelvo en sí al dejar el coche ya bien aparcado, me crea dentro de mi la posibilidad de acercarme a aquella ventana, a oler más de cerca aquello que me ha hecho viajar, que si puedo me guardaré un trocito en mi bufanda para que su olor impregne mis recuerdos como si fuera el perfume más caro de todos los tiempos.

Ahora pongo el camino delante para poder recorrerlo, dejo la alfombra a un lado para que mi caminar me despierte y me deje un beso en cada pisada al rozar el suelo firme y oscuro de aquellas pequeñas calles.

Llego pronto a mi lugar de descanso, abro la puerta silenciosamente para no despertar a nadie, voy al baño sigiloso para que sigan durmiendo, y ahora me coloco el jersey blanco que me queda para poder acostarme en aquella cama de el viejo lugar que aún queda en pie, de esa alcoba que hace las veces de salón, de cocina, de cuarto de aseo, de recibidor, de una vida acabada en los años que fueron y que ahora son regalados en un día a día esperando volver a donde salí sin dejar los pasos perdidos.

Muero en silencio, pues es silencio el que acompaña a mis sueños, a mis días, a mis momentos en que una compañía humana es como un día de fiesta en lugares remotos, como el caramelo de aquellos niños en las llanuras hambrientas de una de tantas estampas que acompañan las postales en cualquier navidad.

Felicidades a los llenos de sentimientos, pues de ellos será el reino que conquistaron en aquellas batallas que fueron ganadas en nuestra gran imaginación que se recuesta con nosotros en una noche de otoño, junto a tantos y tantos descansos en paz.  

Gracias a los humanos por compartirme.

Miguel José 

Publicado por migueljose54 el 29 de Noviembre, 2007, 15:38 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 27.11.2007 Y 28.11.2007

MI DESPERTAR DEL DÍA 28 DE NOVIEMBRE DE 2007

¡¡Soy libre!!

Expresión de aquellos que no viven en cautividad, ni en el encierro que supone no poder salir del círculo, ni tan siquiera en aquellos entremeses de la vida diaria que nos atrapan en miedos que impiden llegar más allá o más acá.

La libertad es el sueño de los atrapados, de los que no conocen la jaula abierta, de aquellos que van o vienen todos los días de cualquier año por la misma acera, por encima del baldosín que se mueve, por encima de esos pies doloridos que se arrastran por el alquitrán renovado en cada verano en  cautividad.

Los límites son las barreras invisibles que chocan con aquello que está al otro lado, en la otra acera, en la otra parte de la ciudad. Aquellas voces que oímos sólo su grito, solo su risa, solo su llanto, pero que están al otro lado de esa tapia amarilla, de esa tapia pintada hace mucho tiempo y que se encarga de derrumbar todos nuestros sueños.

Un buen día, tras un traspiés sin conciencia, descubres que hay una vida más allá, crees que es mas cara o mas despierta, que no la mereces o que simplemente no naciste para llegar a ella. Ves que el tren tiene más paradas que las que tú utilizas, que un beso no es igual en otros labios, que una mirada amiga es aquello donde los sueños se cumplen.

Nos marchitamos en un mismo sueño, en un mismo proyecto, en una misma dirección sin sentido contrario. Las raíces se endurecen y se encallan para no dejarnos salir de aquí, las miradas ya no se sorprenden, las risas son copias de veladas agotadas, los abrazos contemplan siempre el mismo baivén, el silencio apenas llega a nuestros oídos.

Es la cárcel que adorna nuestra vida, nuestras relaciones, algunos también de pareja, aquellas fiestas que siempre acaban en el final, el DVD que siempre deja de girar, el susurro de un placer al terminar de amar como todos los fines de cualquier semana, el cierre de una calle vacía por derribo.

¡¡Soy libre!! pues amo, porque no miro desde fuera, porque solo escucho el interior del silencio, porque abrazo el viento y me fundo con él, porque huelo ese beso recién estrenado, porque admiro la camisa manchada que no limpia, porque el coito inesperado de una mente me hace salir del escondite de la frigidez del ego.

El aliento de un pajarillo, el amor de aquellas flores, el susurro de un viento firme en mis narices me transporta a mi despertar, tocando a la puerta del comienzo y del principio, para hacerme un ser libre en el alféizar de la ventana donde a cada mirada nace mi sueño, donde se embaraza mi corazón por el semen de la naturaleza que revolotea en esos paisajes que me hacen sentirme libre, libre de mi mismo.

Namasté.

Miguel José

MI DESPERTAR DEL DÍA 27 DE NOVIEMBRE DE 2007

Cuando por tu vida han pasado años, descubres que cada día del calendario gregoriano se va llenando de recuerdos, de onomásticas, de adioses, de un pasado que vuelve a su lugar cuando arrancas la hoja del que terminó a las veintitrés horas cincuenta y nueve minutos y cincuenta y nueve segundos de los modernos relojes de pulsera.

En cada casilla de cada mes, de cada uno de los doce que componen el almanaque, hay siempre algo escrito en el disco duro de nuestro ordenador portátil mental, como en el móvil de mi chica donde en cada franja horaria se aprieta tanto que casi no caben ya las palabras. Y ese escrito es el pasado que se construye en el devenir de todos los eventos que nos hacen reír, llorar, recordar....

El veintisiete de noviembre, como siempre, a mi en particular me deja el recuerdo imborrable, una secuencia casi olvidada en sus detalles, casi fuera ya de mi mente, pero secuencia que me llevó a disfrutar de tanto y en donde en su final me llevó a tomar una firme decisión, cual fue casarme con la mujer que ha acompañado mi vida durante casi veintinueve años, más los casi tres de rigor en los noviazgos de nuestro momento.

Fue un día como hoy, soleado y con mucho frío, un tiempo otoñal de caída de hojas y en el que ni llovía ni hacía viento, era el Sol el astro Rey de un maravilloso acontecimiento. Hubo muchos que sintieron que aquello era señal de buena esperanza y así fue mientras los dos quisimos que aquello durada, juntos y enamorados. Por eso aquí la deseo todo el bien que siempre pueda recibir, porque en verdad, se lo merece. Gracias.

Esta noche he tenido, como casi las últimas, varios sueños y en uno de ellos aparecía mi actual esposa, pues aún no ha llamado a mi puerta el divorcio por causas ajenas a mi cartera de negocios, aunque sí que existe una separación de muy hecho a la vez que sincera.

Lo curioso de la escena era algo que hacía muy de corazón, ambos caminábamos juntos y era yo quien la enseñaba con mucho entusiasmo todo aquellas cosas tan increíbles ante mis ojos, y así llego a comprender que mi actitud ha sido desde ese uno de septiembre la más correcta y acertada, así como la mas sincera.

Si nuestra unión no hubiera nacido en aquella pequeña iglesia, que es curioso visité en el mismo día que escribo este despertar, no hubiera comenzado el proyecto en la Parroquia de la Virgen de la Paloma y de San Pedro el Real, iglesia de lo más castizo de Madrid en la calle de Toledo, lugar donde también fue bautizado el menor de los actuales descendientes.

Seguro, decía, que si aquello no hubiera ocurrido, no estarían en este mundo los dos Ángeles que hoy desarrollan sus cualidades más humanas, y de esta guisa llegaron con su pan debajo del brazo llenando aún más de felicidad un proyecto que os aseguro fué de lo más bonito que un hombre junto a una mujer puedan haber disfrutado.

El tiempo, como las hojas de los árboles caducos, va cayendo del calendario, va cayendo a ese suelo que siempre recoge la semilla en los campos y ciudades para servir de nueva comida a los mismos seres a los que despoja, para dar y complementar el alimento de los seres vivientes que se nutren del ciclo de la vida.

Nosotros también continuamos nutriéndonos de esas hojas de calendario que todos retiramos y guardamos en la papelera de reciclar,  o más bien en la memoria donde el reciclado comienza a fermentar y alimentar con la comprensión y entendimiento de nuestro pasado, para ser personas recién nacidas de las experiencias que nos rellenan y engrandecen aún más nuestra gran sabiduría.

Este veintisiete de noviembre mi amor está seguro dentro de mí mismo, pues a mi mismo es a quien en verdad amo, a mi propio interior del que me alimento y al que nutro, a mi amado, al que estoy intentando reconocer, al que en verdad es la fuente de todo mi amor, al que está llamando a mi puerta en cada meditación que completo necesaria.

No me casé con él, pues soy él mismo, pues siempre ha estado y estará a mi lado, porque es el faro de mi interior, y ahora le voy encontrando a través de ese túnel cada vez más iluminado, aunque en verdad es él el que me va encontrando. Así en cada mirada, en cada encuentro en amor, lo veo reflejado en los ojos del otro, en la cara de esta chiquilla que en cada momento me regala un beso o un silencio, en los silencios que nacen cada noche al terminar mi mirada.

Amarte a tí mismo es la verdad que yo siento, amarte a tí mismo te regala muchos abrazos en tu despertar, en esos ojos que comparten la misma almohada reflejándote el brillo de quien en verdad eres, de cuanto en verdad te amas, de la sencillez de sentir un te quiero en el roce de unos labios que guardan un silencio sincero de aquello que dentro de la tripita se calienta y te entrega a tí mismo en libertad.

Gracias a todo ese pasado al que desde aquí bendigo, a esa mujer tan preciosa que pasó por mi vida como la mejor madre que nunca hayan podido tener los hijos que llegaron a compartir nuestra esencia y que lo siguen haciendo en su entender, a los años que pasaron por entre aquellas paredes en alegría o en tristeza, por aquella experiencia tan completa, a esos dos querubines que están viviendo su momento cuestionando todo su mundo, pues cuando salgan de su sinrazón serán aún más impresionantes.

Gracias a estos años comprendiendo que mi decisión es parte de mi camino, que en el sentir de lo que vivo está la realidad de quien soy, que cada hoja que cae es una experiencia más de la que estoy orgulloso de haber tenido, porque al morir aquel otro hombre ha dado paso al hombre que hoy en día es, ese hombre que fue germinando muy dentro, que camina solo en las tempestades y en las alegrías, en el amor de un nuevo ser que juntos experimentan lo que el miedo esconde y enriquece, en la pasión de vivir aquello que los minutos nos regala.

Soy un Hombre que camina en el horizonte de ese mar que me regala en una simple mirada el murmullo de sus olas y la voz de su sabiduría, que me sana de todo aquello que no sabía que me enfermaba, ya que ahí está el nuevo despertar, el nuevo momento que ahora y siempre será la libertad de todo ser humano...divino.

Namasté.

Miguel José

Publicado por migueljose54 el 28 de Noviembre, 2007, 16:35 ~ Comentar ~ Referencias (0)


MI DESPERTAR - 26.11.2007

En plena naturaleza sobre una tierra fértil y cubierta de un mantillo especial, debajo de un árbol, al querer recoger los frutos en forma de naranjas, sentía la energía de su fuerza, de su robustez, de esa mirada que estaba pendiente de que su dolor en desprenderse de aquellos que hasta ese momento eras suyos.

Las ramas sostienen a duras penas todas aquellas reservas de vitaminas, de minerales, de un alimento que bebe de aquellos granos de una arena comprimida y con mucho oxigeno de aquellos vientos y tormentas que en contados días aparecen por el horizonte de sus sierras cernas.

El sentimiento de no estar solo al cubrir todo mi cuerpo las ramas que escuchaban unos pasos silenciosos, sinceros, con una delicadeza para no pisar aquello que pudiera causar dolor en esos troncos mudos que no responden nunca a las agresiones de aquellos que aún no han comprendido que todo, que la naturaleza en sí misma es viviente, tan viviente como cualquier ser humano, o cualquier piedra que nos aparece en el sendero.

Los colores de las naranjas, el tamaño que me hacía imposible cogerlas con una sola mano, la frescura de una piel que resbalaba, la redondez lograda a fuerza de una repetida siembra, hacían de aquel momento un instante de placer, de agradecer a aquellas manos que ahora no estaban, el sacrificio y el esfuerzo de unos días en que con su mirada comprobaba la vida y el sentir de unos troncos que maduraban ante el amor de unos cuidados tiernos y sensibles.

Estando bajo aquellas ramas, escondido dentro de su círculo, sus hojas masajeaban mi cabeza, me paseaban por la cara intentando conocerme, acercándose cada vez mas a mi energía y compartiendo todo aquel momento como de un amigo, un verdadero ser vivo, un árbol de aquellos que se repiten tantas veces en el recorrido de muchas carreteras, en los campos que inundan cualquier valle, en los momentos íntimos en que nos dejamos descansar del sol en su sombra.

Es sencillo comprender la vida observando, ver como el propio ser me ofrecía lo mejor de sus frutos, me llevaba sin conocer cuales eran las que estaban preparadas para dar sus mejores esencias, y me dejaba delante de cada una para que al acariciar su textura comprobara que era ella la elegida para llenar aquella bolsa de plástico que esperaba vacía para acompañar los próximos minutos hacia su nueva estancia.

El lugar escogido para tal manjar, la bandeja al fondo en la cocina, espera tiernamente adormilar y cuidar de que aquellas obras de arte tejidas en el tapiz de una naturaleza sencilla, para que después de cada despertar, de aquellos momentos en que los estiramientos y los primeros movimientos, nos hacen colocarnos en el pensamiento de hacernos nuestro primer zumo de naranja.

Gracias a la diosa naturaleza, a los grandes maestros que cuidan y cultivan todo lo que nuestro sentido del gusto es capaz de apreciar, gracias a todo aquello que da origen a la vida y principio a un nuevo día, a un nuevo pensamiento en que algo bueno me va a suceder en este nuevo amanecer del calor de el gran dios, el  sol nuestro señor.

 

Namasté.

 

Miguel José

Publicado por migueljose54 el 26 de Noviembre, 2007, 7:53 ~ Comentar ~ Referencias (0)


 
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