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MI DESPERTAR - 29.1.2015

Por Miguel José Carbajosa Gómez - 29 de Enero, 2015, 8:35, Categoría: Mi Despertar

Hoy al despertar no entiendo nada, veo como mi cuerpo es muy diferente al que dejé dormido, todo a mi alrededor es nuevo, veo de una forma que soy incapaz de poder procesar con este cerebro, incluso veo que es algo de lo que no soy dueño, quizás porque dentro de esta nueva imagen estoy perdido, viajo entre una sensación de haber amanecido en una superficie rodeada de grandes rocas, de montañas inmensas en las que es imposible poder subir.
No siento las sensaciones que al anochecer subían por mis pensamientos, ascendían por la cadera hasta encontrar en la espalda un ligero dolor de estar tanto tiempo en la silla, de mirar al ordenador en las múltiples diapositivas que parezco haber perdido, es como si empezara de nuevo en un mundo diferente con algo muy distinto a lo que encontraba entre la experiencia de vivir.
Si, mi mente no existe, solo hay un cerebro que me hace ver a hormigas de gran tamaño acercarse a mí, juntar las antenas para reconocer los olores incluso para comunicarme con ellas encendiendo unas conexiones que hacen que mis muchas patas puedan caminar entre las grandes piedras entre las que me muevo como si llevara años haciéndolo, pero con algo diferente, con el recuerdo de haber vivido en otra esfera, en otro tamaño, de sentirme haber transformado el entorno que antes era incapaz de poder reconocer.
No puedo mirar hacia arriba porque aquí dentro estoy en algo que tiene un horizonte diferente, es como recordar que una acera era realmente un pequeño escalón desde el que casi era imperceptible para mi caminar, aquí veo una gran muralla, un trozo de pan me parece como una gran roca que se deja arrancar partes para transportarla hacia un lugar que reconozco en el camino que voy siguiendo y en el que voy reconociendo a mis semejantes.
Es un sueño que me invita a reconocer el mundo desde otro lugar, ver cómo los humanos son imposibles de encontrar, figuras inmensas que pasan desapercibidas para estos ojos diferentes, un enfoque increíble que puede ver elementos que antes ni siquiera podía imaginar, os recuerdo que mi tamaño es de una pequeñez que impresiona realmente para el cerebro que antes debía de completar.
Camino hacia lugares dentro de la tierra, me encuentro en una sociedad diferente que se nutre por parámetros muy diferentes al poder y a la riqueza, aquí la riqueza es guardar las cáscaras de las pipas, los pequeños trocitos que aparecen entre la tierra, y de sortear las grandes rocas que son en la verdad del ser humano simples granos de arena, un viento que aquí es huracán desplomando de los elementos frágiles para seguir moviendo en montículos los polvos de arena fina que antes ni siquiera era capaz de descubrir.
El mundo me ha cambiado el escenario, digamos que envuelto en un sueño puedo ver ahora otra parte de esta tierra, de vivir en otro nuevo parámetro que mi cerebro tiene aprendido desde que era n pequeño puntito blanco,  que no necesito pagar alquiler ni tampoco ser dueño de ninguna tierra pues colectivamente me encuentro en un lugar donde el trabajo colectivo sin ningún tipo de contrato ni tampoco de salario puedo dormir en el invierno lleno de alimento.
Pudiera cambiar el mundo de la noche a la mañana y encontrarnos en una vida diferente, en un ser dentro de otro sistema, de un cambio que nos haga poder empalizar con quiénes nos rodean, por muy pequeños que sean a nuestra semejanza o por muy diferentes que su cuerpo sea dentro de la cadena de la vida, pues es vida realmente en sus diferentes formas, aquí donde no hay especulación ni tampoco dinero que nos pueda hacer diferentes.
Miguel José Carbajosa Gómez

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MI DESPERTAR - 28.1.2015

Por Miguel José Carbajosa Gómez - 28 de Enero, 2015, 8:42, Categoría: Mi Despertar

Tengo mucha sed entre mis labios dormidos, son más de las diez y te espero dormido en el blanco sillón donde nuestros pensamientos se mezclan con las palabras, donde tus manos me esperas despierta para hablar de cómo nuestras vidas llegaron a ponernos al lado, de cuantos milagros sucedieron para que tus sueños se encontraran dentro de mi almohada y de que mis manos encontraran el sentido de tu piel en la oscuridad de las estrellas.
Vuelvo de nuevo a dejarme volar entre las águilas, en lo alto de unas montañas que ahora construyen un pequeño cuerpo, algo que ha ido componiendo un guión que otros volverán a dibujarlo con otros lugares y en diferentes personajes, un hombre y una mujer, o una mujer y otra mujer, o un hombre y otro hombre, posibilidades que nos centran y descentran en la sociedad, en la relación que surge de abrir las frases que ahora mismo cuelgan de las ventanas.
Tú que tienes que leer este párrafo ves que no puedes entrar entre algunas palabras, que otras no te suenan porque eres diferente, una diferencia que contienes por haber nacido en otro lugar, incluso por haber nacido antes o después, todos encontramos la excusa para dejarnos llegar por lo que tiene un sentido que es lo que busca la mente, la interpretación de sonidos en nuestra infancia, de películas que nos hacen buscar senderos de gloria.
Dirás que te gustaría leer otros pensamientos, o seguramente te gustan esta mermelada que aún no tiene sabor, pues dicen que algunos lo componen como saber, otros como un sabor más amargo, incluso amigos hay que quieren buscar algo más profundo escondido detrás de cada letra, cosa que realmente me gusta mucho pues sus versiones no tienen nada que ver con lo que estoy pensando en este momento, seguramente después de escribir este despertar no vuelva a recordarlo y esté continuando entre las piedras que el camino me va colocando despacio en la oscuridad de unos metros
Eso si que quiero y es darte las gracias por navegar con tus ojos dentro de este lugar, de pensar en otras cosas que te vienen en este mismo segundo y acordonar el texto con dos vayas entre las que puedas describir el pensamiento de este mismo día, unas gracias por haber estado aquí y seguramente haber podido acercarte a un ser invisible, un hombre que escribe porque necesita sacar muchas palabras de su interior que ya no le sirven.
Si, me río porque parece que estoy llevando al la bolsa azul los desperdicios de una comida, y realmente es comer cuando dejo que en mi mente entren frases, imágenes, palabras, pensamientos, guiones de libros y escenas de películas, chistes y risas de amigos y besos que descansan entre mis labios, caricias que encontraron en mi piel la respuesta a ese silencio entre dos momentos, y es así como pasamos por este mostrador, por la acera que cada día te lleva al trabajo.
Un lugar o un espacio en el que poder conectar de nuevo tus ojos con mi sentimiento, tus manos con mis palabras, tu tiempo con el mío y abrir para cerrar de nuevo la colección de párrafos de un despertar que entiendo espera en la nevera la fecha de consumo en la que poder degustar a quien aparece ante esta pantalla para servirse frío o caliente el menú del día, el desayuno, la merienda o el final de la cena.
Miguel José Carbajosa Gómez

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MI DESPERTAR - 27.1.2015

Por Miguel José Carbajosa Gómez - 27 de Enero, 2015, 11:32, Categoría: Mi Despertar

Si caliento tus manos es porque estabas dormida en el frío de una cama vacía, sabías que mi cuerpo ya no estaba pues dejaste un beso en la almohada antes de llegar a la habitación y esperas que vuelva de nuevo la forma en que mi cuerpo puede sentir tus labios, mis emociones pueden llorar sin marcharme y tus dibujos puedan ser coloreados por el amor que todos los seres contenemos dentro de nuestra pie.
No existen las mentiras sino verdades diferentes, cuando escuchamos palabras que no nos suenan comprendemos que esa persona no está en nuestro lugar y realmente es difícil poder determinar con la mente porque aparecen una y otra vez en la relación de personajes que vuelven a la obra que en este teatro infantil nos supone volver a vivir un nuevo día.
Me río cuando veo llorar mi alma, una risa que compone la fuerza que tengo dentro de mis venas, si, esas venas que se hinchan cuando la sangre se desborda entre mis dedos, un color rojo que aparece por encima de la piel para quedarse unos minutos y después dejarme libre de la sensación de haber adormecido entre los algodones de la silla en la que esperaba tu llegada.
Siempre hablo de ti, algunos piensan en que el personaje es mujer, otras dejan que su imaginación componga un hombre, quizás algunos dejen que esa misma imaginación me haga hablar de un ente que no tiene cuerpo ni tampoco una forma en la que poder guardarle, otros se quedan con la palabra dios en referencia a lo más grande, pero yo entiendo que el mi Yo interior, ese dios que me habita desde mucho antes de haber nacido en un cuerpo, con una mente y un cerebro.
No soy un recuerdo porque no existo en las listas del universo, todos somos necesarios pues formamos la montaña en la que nos descubrió aquel que ahora supone ser una inteligencia muy superior a la nuestra actualmente, me refiero a que una montaña está compuesta por millones de granitos de arena, algunos forman piedras grandes, otros piedras medianas y el resto son la arena que contiene en sus laderas, en sus lugares donde esculpen un camino.
Entonces porque me llamas si ahora mismo no estoy abierto, si mis labios siguen cantando una canción que no tiene sonido, que no sabe de letra, que no contiene notas musicales que nos acerquen al ritmo, se que vuelves de nuevo a llamarme pero ahora si que escucho como el lenguaje que nos dejaste no tiene una palabra diferente como los idiomas que construimos hace siglos, es solo un lugar dentro del cual todo se ilumina y todo nos contiene.
Miguel José Carbajosa Gómez

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MI DESPERTAR - 26.1.2015

Por Miguel José Carbajosa Gómez - 26 de Enero, 2015, 19:08, Categoría: Mi Despertar

Tenemos dos corazones dentro del pecho, son diferentes en el tiempo pero no en el espacio, ambos dos tienen sangres de mil colores, células que aparecen por todos los lugares bajo la piel del cuerpo, una sangre que compone todo el recorrido de nuestra vida, unos caminos que se bifurcan entre los órganos, debajo de la piel que nos protege del exterior, entre los abrazos que sentimos al despertar de esta conciencia que nos abre las puertas a lo desconocido.
Tengo entre las manos que cierran los acuerdos unas palabras que pueden descifrar el jeroglífico de los antiguos, entre varios oídos que escuchan como los idiomas son simples memorias que diferencian las culturas por las que vamos pasando en los confines del universo, luces que aparecen en la lejanía de planetas escondidos, de sistemas solares que se diferencian por el nombre de sus descubridores.
Puedes divisar el final siempre que quieras avanzar sin escuchar el presente, sin dejarte dormir en el pasado que oscurecemos cuando nos sentimos deprimidos y que recordamos cuando nos sentimos alegres, esos mensajes que se van grabando como las canciones que todos los días seguimos escuchando sin acercarnos a nuestro interior después de que el sueño nos haya llevado al corazón de la misma muerte.
Yo veo como la muerte es la primera emoción desde la que emprendemos todos los vuelos de libertad, la llamada que nos hace deshacernos de la forma para encontrar de nuevo la esencia, esa cualidad que no podemos ver con los sentidos, que no podemos comprender en ninguno de los cuadros que nos hacen ciegos, solamente es empezar de nuevo, saber que la vida, que aliento de la vida nos espera después de haber encontrado la salida.
Cuando respiro va entrando en mis pulmones un aire diferente al que circula por todo el cuerpo, en algunos lugares es un aire con poco oxígeno, en otros es puro, incluso en muchos momentos es un aire que analiza el sistema antes de llegar a la sangre, esa sangre que nos alimenta con los dos corazones que encontramos entre los músculos, pues el corazón que late es diferente al corazón que siente, dos en uno como si fuera un regalo que alguien, ese que nos crea la vida todos los días, ese que hace que todo el cuerpo funcione como algo maravilloso, el ser que está siempre detrás de un velo, en el infinito de nuestros sentidos, al margen de las caricias y de los sabores.
Me siento tranquilo al saber que confío en la vida, que siempre está bien todo lo que llega hasta nuestro contorno, que un abrazo es una muestra de ese estar, de ese llegar y seguir, de escuchar como desde este estado puedo dejarme llevar por símbolos que hacen nacer palabras, quizás no sea el mismo modo que los demás seres humanos puedan sentir, digamos por que cada uno ve lo mismo desde su presencia, pero es real que venimos de algún sitio y nos vamos a ese sitio.
Miguel José Carbajosa Gómez.

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MI DESPERTAR - 23.1.2015

Por Miguel José Carbajosa Gómez - 23 de Enero, 2015, 13:46, Categoría: Mi Despertar

Rompiendo las olas estaban en el círculo que formaban las tormentas que desde hace días han llegado a la costa, un mar enfurecido que nos deja tranquilos después de haber llamado a una puerta infinita en la que rasgaba las gargantas de aquellos que esperaban volver a nacer, de los que murieron antes de comenzar este día en que llegaste hasta nuestra orilla.
Un mar que siempre está cerca, que aparece después de cada curva, que nace detrás de cada montaña, que nos relaja cuando el sol se pasea por su piel, que se mueve al sonido de la luna llena, que espera tranquilamente a que los niños le dibujen en sus orillas castillos de arena, formas que juguetea a deshacerlas con esas olas traviesas que vienen y van.
Esas nubes que encontramos en su interior van formando las futuras lluvias, una condensación que nos supera por el horizonte y descarga a muchas distancias en las que va acompañando al viento, todo dentro de esta ventana en la que tus manos abren el corazón de la misma manera que estás esperando sus palabras con tus brazos entre los dedos.
Vuelves a mirarme como si no me conocieras, como si hubiera borrado alguien de tu sonrisa aquellas tardes en las que soñábamos con viajar a la estrella más alta, a orilla más lejana, a la montaña más bonita entre tus silencios, esos momentos en que mis caricias subían y bajaban en la espuma que nos acompañaba tan desnudos como las conchas que se esparcían por toda la costa.
Hemos nacido bajo sus aguas saladas, entre los sonidos de aquellos pececillos que viajaban a distancias imposibles de poder encontrarles, unos años en los que sabíamos cómo la madre tierra nos dejaba salir a la orilla y nos enseñaba que teníamos piernas para caminar, manos para acercarnos a la fina arena y labios para poder besar el sendero entre el fondo y la superficie.
Se que no entiendes nada, ya somos dos, porque en el entender nos perdemos dentro de la mente, nos enredamos en las neuronas que solo buscan razonar y decidir que clase de verdad nos creamos, y así en la locura vemos cómo la noche se oscurece jugando a caminar sin miedo, sin las limitaciones de seguir una acera, de cruzar una calle por cada pintura, de iluminar con cada paso el sueño que los días nos hacen detenernos ante cualquier semáforo en rojo.
Ves como podemos caminar sin piernas, sin que los pies se muevan del pequeño espacio que nos dejan los zapatos, ves como podemos llegar al otro lado del mar sin que ningún barco nos haya llevado en sus lomos, sin que ninguna gaviota nos haya dejado su pico para sujetarnos en el vuelo infinito que nos empuja hacia esos vientos que viajan detrás de las nubes.
Miguel José Carbajosa Gómez

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