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MI DESPERTAR - 7.11.2017

Cada vez que desciendo hasta los noventa y cinco centímetros de altura encuentro un mundo diferente del que todos los días puedo disfrutar, solamente ver la distancia que me separa de muchos objetos que ahora parecen diferentes, no los puedo ver por encima sino solamente la silueta que desde abajo aparece, los cajones de los armarios me superan por encima de mi cabeza siendo inalcanzable con mis manos los últimos que casi desaparecen de la mirada.

Miro de frente a los perros y gatos que pasean por las calles, por las aceras donde dejan su olor para que otros iguales puedan entender su mensaje, no les hace falta palabras, entienden que tienen un lenguaje distinto, veo los edificios enormes que se elevan hasta un cielo que aparece un metro más alto que en los días y noches eleva mi altura, pues he querido agacharme a comprobar el mundo de los pequeños, de los niños que corren por las aceras detrás de ese presente que es la vida en este momento.

Es maravilloso ponerse a su altura y hablar con ellos, ver como su mirada no tiene porque elevarse a una altura que en este momento no entienden, solo pasean sus ojos por lo que a su cabeza gira todo un universo diferente, pues viven en un mundo de mayores, comprenden que a su tamaño haya servicios en los colegios, sillas en los restaurantes, puertas en algunos comercios por donde pueden pasar casi dando con su cabecita con la parte superior, casitas que se cuelan en sus patios y hogares para entender que el mundo tiene su propia altura.

A los noventa y cinco centímetros da más miedo cuando el perro o el gato se acerca, digamos que estamos casi a la misma altura, que no son tan pequeños en ese momento y que además los olores puedan manifestarse de otra manera, es el mundo que recorren antes de crecer a nuestra distancia, pues durante años van sintiendo que los muebles de sus habitaciones e incluso las casas pueden parecer mucho más grandes.

Es un sentimiento que aún recuerdo en la casa de mi tía, al volver muchos años después, pues recordaba aquellas paredes, la cocina inmensa y el salón muy grande, para descubrir que solamente sesenta metros cuadrados completaban toda la vivienda, así es como puedo razonar todos aquellos momentos en que tenía esos centímetros y ahora vuelvo a recordarlo paseando en la misma posición, aunque mis piernas no tengan la movilidad que cuando me levanto.

Miro todo mi alrededor y podría fotografiarlo para encontrar el sentimiento que muchos chiquillos puedan tener en algunos momentos, imaginamos cuando hay mucha gente caminando por las calles y solo puedas ver piernas sin encontrar los colores de los castillos que parecen muchos comercios, encontrando de vez en cuando otros de su altura mirándolos e intentando acercarse a ellos.

Es toda una experiencia que aún no puedo completar con más palabras, seguramente es desde el sentimiento desde donde puedo seguir mirando, escuchando los sonidos que muchas veces me parecen lejanos, es como llegar a un mundo de gigantes, de seres que todo lo que se construye es para mí muy alto, grande y que en muchos de los casos solo entienden aquellos que me llevan de la mano, esos universos en los que se convierten los padres y las madres al vivir la maravilla de sus hijos.

Miguel José Carbajosa Gómez

Por MIGUEL JOSE - 7 de Noviembre, 2017, 19:32, Categoría: Mi Despertar
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MI DESPERTAR - 6.11.2017

Me pierdo saboreando tu cuerpo, dejando que mis manos puedan jugar por toda tu piel, que los sentidos se coloquen uno detrás del otro para recorrer los kilómetros de una inmensa capa que protege todo lo que contienes, son estos momentos desde los que puedo definirte, colocar unas palabras sobre la portada de tu mirada, de unas piernas que juegan en la música lenta que hace despertar tus pensamientos, tus colores en una cara que dibuja la felicidad de sentirte bien, tranquila.

Son encuentros en los que abrimos la ventana, pues tus manos también colaboran para que el cierre pueda dejar de mostrar la oscuridad de la habitación, somos compañeros en este viaje por las estrellas de tu cielo, de una estancia que descubres después de mirarme a los ojos con todo tu cariño, un masaje que siento desde los pies hasta la cabeza entre el murmullo de tus labios, una canción que dejas salir desde la oscuridad de tu mente.

Abre la puerta de tu felicidad para descubrir que es toda tuya, que encuentras una felicidad parecida en mis cabellos, en esta forma que ahora mismo se siente a tu lado, muy cerca de esas palabras que aún no han amanecido en tu boca, que tu garganta todavía no ha mirado el tiempo de dejarlas sonar, de que todo lo que paseaba por tu mente pueda rellenar este corazón en blanco de una hoja que acabo de escribir.

Porque se escribe sobre los sueños, dejando que todos puedan mirar a través de estos párrafos, de esperar a que te sientes después de asomarte por la ventana y acariciar esas nubes que pasearon juntas por delante de tus ojos, después de respirar el aire que esperaba no hace mucho detrás de los cristales para entrar por el tesoro de tu cuerpo y dar esa vida con un aliento de los cielos, de los mundos que aparecen todos los días juntos y separados.

Eres este mundo que has creado, creadora de todo lo que puedes tocar, de todo lo que escuchas, de todo lo que puedes recoger con tus ojos, de aquello que penetra por todos tus poros para transformarlo en un amor que deja tu rostro al descubierto, que coloca la sensación en todos los mensajes que vas copiando para guardarlos dentro del lugar donde habita tu tesoro, de el interior que encuentro cuando no sé lo que busco, cuando hablas sin necesidad de colocar más palabras de todos los pensamientos que vas dejando volar.

Miguel José Carbajosa Gómez

Por MIGUEL JOSE - 6 de Noviembre, 2017, 11:07, Categoría: Mi Despertar
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MI DESPERTAR - 2.11.2017

Siento como mis manos se acercaban por tu espalda, la energía brotaba por ambos lados, unas pieles que encontraban el silencio, los labios miraban desde la distancia una forma especial de encontrar el pequeño milagro, como cuando enciendes una luz dentro de la oscuridad sin entender porqué estás dentro, sin esperar que los segundos sigan corriendo uno tras el otro, por esto puedo componer este bodegón de palabras.

Subo y bajo de cada una de las norias por las que me muevo, el subir hacia las nubes me eleva por encima de mi camino, al bajar de las estrellas miro el horizonte que se expande por los lados de mis ojos, esos recorridos que encuentro debajo de las alfombras por las que pisaron muchos de los supervivientes de las muertes ajenas.

Te descubres sin mirarte a ningún espejo, vuelves tus pasos hacia la estación desde la que pudiste ver la imagen que tantas veces soñabas, una almohada que te indica los colores dibujados en tu imaginación, en los trazos que buscaban aquellas palabras que tus pensamientos no podían encontrar, no llegaban en el momento oportuno para hablar en vez de callar tantas veces.

Es un momento histórico el segundo que acaba de pasearse por el reloj, por las horas que lleva despierto este nuevo día que nos ha llegado, este tiempo que ahora sigue delante de las personas, envuelve a los pequeños animales que corretean por la acera, el calor de un Sol que despierta a quienes duermen tranquilamente después de una noche donde la luna iluminaba los campos, los caminos desiertos de aquellos que fueron llegando con la madrugada.

Vuelvo a escuchar tu espalda, tu piel suave bajo la blusa que transpira el sentir, vuelve a encontrar el silencio que sabias escuchar por todos los poros que manejan este sentimiento, llegar hasta el fondo de este momento para dejarte llevar por un pequeño viento que nos acompaña después de mirar al infinito, quizás finito para los dos que pudimos entender que todo esto no es más que encontrar al otro, mirar al otro, sentir al otro.

Miguel José Carbajosa Gómez

Por MIGUEL JOSE - 2 de Noviembre, 2017, 13:22, Categoría: Mi Despertar
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MI DESPERTAR - 28.10.2017

Dibujo en la locura de escuchar como el pincel se pasea por la cartulina, jugar con el palo que persigue los colores para endulzar una merienda, los rayos de un Sol que entra por la ventana sin dejarle pasar, ver como disfruta entrando en la oscuridad de los muebles, en la soledad que la habitación invita para descubrir sus colores, los pinceles que pasearon por sus paredes después de haber entrado en contacto con cada color, con el calor de unas manos que dirigían la fuerza de enderezar unas rectas que se volvieron curvas y unas formas que desaparecían al distribuir los cantos de mi lengua.

Esta lengua que dibuja los sonidos en los que me envuelvo cada vez que me miro a ese espejo cerrado, a los reflejos que impiden pueda verme como el sentimiento me hace discutirme a mí mismo, me encuentro de frente con lo que mi madre puso en su vientre y ahora puedo escucharla decirme que me quería tanto en las frases que intento descifrar después de su muerte, después que aquel cuerpo desapareciera entre la fuerza de la piedra que la recubre y los besos tan tiernos que olvidé después del paso de los años.

Era tan pequeño que la distancia me impide llegar a ella, es como si no hubiera vivido esos años en mi mente pero en mi inconsciente sigo ligado a ella, entra por la ventana sus palabras, sus caricias de aquella piel que sentía como mía, de sus regaños como imberbe, de sus cariños en forma de frases, de la manera en como sus manos tejían mi cabello encima de una pequeña mesa que en la cocina representaba el momento de comer todos juntos, de encontrarme en la familia que me crio y de la que fui testigo del principio de mi vida.

Es verdad, de esta vida regalada, encontrada después de que mis padres escucharan su amor, esculpieran la figura de carne que se diseño en el amor maravillosos de dos seres increíbles, dudas de que tus padres buscaran otra cosa que seguir el sueño del amor, de que la mirada que encontraban no era mas que el mismo reflejo de quiénes eran, las personas tan maravillosas que la empresa de los papás pudiera jamás reconocer.

Ambos son y serán siempre, por lo menos hasta mi muerte, las personas más maravillosas de ese Universo que componían ante mis ojos, de los cariños que descubría en sus pequeñas trifulcas, en esas riñas que todos tenemos en algún momento, en esa fuerza que la vida nos imprime después de certificar nuestra muerte, de esas radiografías donde vemos a un nuevo ser empaparnos de vida, de unos besos imposibles de borrar, de una mirada que se imprime en el corazón para siempre, siempre, dejarnos el calor de estos momentos donde mis ojos vuelven a humedecerse.

Claro que lloro, me encanta llorar por todos, por todas incluso por mí mismo desde estos párrafos en los que es imposible dibujarlos con acuarelas por el gran calor del color que imprime el vientre materno que cada una de las mujeres llevan en el interior de sus corazones, hombres que sueñan con encontrar en el amor de su vida la fuente de la que todos emanamos, el nuevo horizonte que nos va llamando lentamente para encontrar de nuevo la vida, la muerte, la sanación de ser de nuevo humanos.

Gracias por encontrar la paz entre tanta palabra, entre tanto pensamiento que se desborda como el agua en los cántaros llenos de luz..............

Miguel José Carbajosa Gómez 

Por MIGUEL JOSE - 28 de Octubre, 2017, 16:39, Categoría: Mi Despertar
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MI DESPERTAR - 25.10.2017

En mi largo caminar por las aceras de esta ciudad puedo contemplar como los besos se pasean tranquilamente en unos labios que deciden salir entre los árboles de las calles, alrededor de una fuente que despierta su caudal con el goteo incesante de una claridad presente en el sonido del silencio, un lugar desde el que mis sensaciones apuran los pasos dejando detrás el camino recorrido.

Esos besos que se asoman a los labios de unos que caminan despacio buscando la soledad de las arboledas, los bancos solitarios que abrazan sin sujetar, los pies que se centran en ese suelo que todos los días duerme delante de nuestros ojos, de las losetas que parecen acariciarnos cuando buscamos un lugar para sujetarnos en nuestra marcha, en esos pequeños lugares que se destinan a unos niños que corretean, que se miran y dejan sentir sus pequeñas manos con los juegos y con unas palabras que solamente ellos conocen.

Es la alegría de la mañana, el recreo de los comedores, la tarde con su merienda en los jardines que esperan la alegría de tantos cantores, de un correteo de niños de un lado a otro, de un columpio a una figura que se mueve con los golpes de sus pequeños movimientos, unas miradas que recorren ese finito que pueden contemplar según la altura de su vida, esa mirada que encontramos en los que desde su carrito esperan a que su cuerpo pueda colocarse sobre esos pies que aún siguen desarrollando la vida.

Los demás están en pequeños grupos, son los causantes de todo aquello que en lo infantil comienza a distribuir los sueños, los hombres y mujeres que dejaron a los besos salir de sus labios, que encontraron en el silencio el comienzo de la vida, de la misma en la que se engendraron, de la vida  que nos besa en cada esquina, en los abrazos que descubrimos cuando la amistad enciende la pasión, cuando la pasión nos inflama para seguir el proceso que de alguna estrella de la noche ha podido venir.

Sin alguien nos creó es porque a él también le crearon, porque en su vida o digamos en su proceso los besos fueron la gasolina que encendió una idea, un descubrimiento que todos sentimos desde que salimos del vientre materno, incluso de esos que escuchamos tras la piel todos los días que la mano de su mama puede recorrer su pequeño cuerpo, su pequeña vida que hará del mundo otro nuevo invento para disfrutar de la felicidad.

Sí, todos somos felices aunque nos escondamos detrás de unas capas construidas para seguir el camino, para llegar a los límites desde los que mirar el campo, las calles, las casas y todo aquello que aparece después de la tormenta, de una lluvia que no empapa sino que deja el ambiente húmedo, pues esos labios que ahora cierras son la entrada de la vida, el lugar desde el que la compasión, la dulzura, la empatía y tantas y tantas más nos hacen encontrar en este instante el propósito que un meteorito llega hasta el lugar y nos deja el fuego que siempre arde dentro, sabes?, en el templo que llevas dentro, en el interior que escuchamos cuando nos quedamos en silencio.

Gracias, un beso,

Miguel José Carbajosa Gómez

Por MIGUEL JOSE - 25 de Octubre, 2017, 11:04, Categoría: Mi Despertar
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