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Vuelvo de nuevo a verte, montaña, mis manos encuentran tus trocitos en las piedras que vas dejando por los caminos, mi ojos vuelven de nuevo a oírte en la inmensidad del mismo valle por el que corren los torrentes de la pasión y alegría, por los rincones desde donde las miradas vuelven a dejarte en silencio para que vuelvas a las caricias de tus amigas las nubes.
Algodones que parecen reír y partirse en muchas más pequeñas que juguetean a tu alrededor, que pasean por los campos cercanos para volver unidas de unas manos diferentes a tu calor en lo alto de aquellos trozos en los que te construías cuando la vida comenzaba después de un gran calor.
Calores que alternas con los fríos en las alturas, semillas que van dejando en tus laderas nuevas encinas, grandes obras que la naturaleza esculpe por entre unos dedos invisibles, con la fuerza de unos vientos que se convierten en calores de altos grados cuando la fina lluvia vuelve de nuevo a tapizarte de ese verde con que nos regalas cada día.
Almas que pasean por los rincones que contienen animalillos juguetones donde sus carreras aprovisionan parte de esa vida que dejan entre los matojos donde se esconden o mueren para volver de nuevo a crearse en una nueva camada.
Unas vacas siguen de cerca tus alientos, pastan tranquilamente en lo más bajo de tus posadas, dibujando unos colores que caminan entre esta mirada que vuelve a pasearse por tu nariz, por esa cumbre que muchos desean pisar para seguir después de otro valle a conquistar otra más alta que los haga sentir viviendo.
Pero me dejas vivir en disfrutarte con estos juegos de colocarte entre los dedos y ver que cabes en mis manos, de escucharte unas palabras que aquí no pueden existir pues son sonidos diferentes, en las letras que tu y yo componemos para encontrarnos de nuevo al atardecer o amanecer de un nuevo proyecto.
Das fuerza con tu presencia a quiénes entendemos de grandeza, a quiénes escuchamos el interior de unas frases que viajan por las nubes que descargan el agua que te rozaban al anochecer de cualquiera de las estaciones en que se dividen los ciclos de la vida de la naturaleza que nos regala el universo.
Por eso vuelvo a tu regazo y me duermo entre tus cañadas para volver a empezar de nuevo un sueño de unas palabras que se agotan al ver como duermes de día y trabajas de noche para que todos podamos seguir admirándote.
Miguel José
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HOY
Quiero decirte que estas en el momento justo de comenzar a mirar a un horizonte que te asusta, de mirar hacia ese lugar que la brújula te señaló y que te está esperando sin entender que tienes que seguir adelante con la desnudez que te completa.
Abandonas toda esa ropa que llevaste durante años, para enfundarte en este cuerpo que ha ido encontrando la medida de quién eres, acariciándote con las manos que encendieron una luz desde la que puedes encontrar la cercanía de tu propio corazón.
Corazón que empieza a degustar este sentimiento, el amor que encontrabas cuando todo se derrumbó, el cariño que ahora te hace pasear entre este mismo instante en que tu calor vuelve a dejarte llevar hasta otra orilla.
Cruzar el río es algo que has hecho muchas veces, viajar por la otra orilla mirando la que has dejado es parte de la enseñanza que abres después de haber cruzado otra meta, esperar a que te vuelva a mirar es algo que debes dejar de lado para seguir viajando entre las horas del mar.
Cruzar el río es algo que has hecho muchas veces, viajar por la otra orilla mirando la que has dejado es parte de la enseñanza que abres después de haber cruzado otra meta, esperar a que te vuelva a mirar es algo que debes dejar de lado para seguir viajando entre las horas del mar.
En ese tiempo en que te enciendes sin la energía de quién te encuentre, sin las manos que no te entienden, sin rellenar los espacios que te envuelven en ese sueño desde el que pretendes volver a vivir, y vives diferente entre las palabras que te hacen mirar al otro lado.
Es ahora cuando sientes miedo, cuando sientes duda por lo que ha de aparecer en las próximas horas, porque tu manera de manejar las situaciones se va derrumbando y estas al lado justo de donde poder colocar la próxima piedra que te hará encontrar el camino de la verdad.
Porque el camino te quiere y te espera, el camino en que puedes salir por estas palabras y volver a escuchar al cielo como te habla en carteles que parecen haberte colocado para seguir con mas fuerza y pasión.
Pasión que un día te hizo encender este cuerpo desde el que poder revisar los textos que ahora estas viviendo, las comedias que incorporas a tus escenas, las energías que atesoras cuando te miras desnudo y encuentras al ángel que viajaba en ese sueño desde el que volviste a llegar de nuevo.
Hora en que se abre un nuevo día y los pajarillos revolotean entre las ventanas que dejas abiertas de par en par, para ser un nuevo regalo desde el que poder seguir compartiendo estos trocitos de tu vida dentro y fuera de la de los demás.
Hora en que se abre un nuevo día y los pajarillos revolotean entre las ventanas que dejas abiertas de par en par, para ser un nuevo regalo desde el que poder seguir compartiendo estos trocitos de tu vida dentro y fuera de la de los demás.
La botella de agua te espera de nuevo para comenzar a pasear por los metros y metros de enseñanza que se abren tras la puerta que acaricia los sueños que ahora vas a comenzar a disfrutar sin escuchar en que día vives ni en que hora mueres, pues al morir descubrirás de nuevo que eres ese infinito que encerraste en lo finito de tus pensamientos.
Miguel José.
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Me pierdo en los demás, en escuchar cómo mi corazón se vuelve vacío para que yo mismo pueda verme dentro de una espiral en la que giro y giro sin detenerme, para llover desde este cielo en que ahora me convierto al llegar a una nueva aventura.
Aventura que no se encender, aventura que puedo terminar porque se como empezarla, aventura que me hace tomar la primera palabra que aparece por los rincones de una mente que quiere tomar parte del guión que se cuece dentro del rincón de estos momentos.
Sales por esas puertas que aparecen en los frentes que todos los días se apresuran a dejarme llevar, a cualquier mensaje que me pueda llevar hasta una imaginación a la que no puedo detener, sintiendo que me cuelo por las mallas que me hacen desafiar la fuerza que necesito para escucharme en el silencio que puedo descifrar cuando mis manos encienden la oscuridad.
Sales de nuevo a buscar, a introducir las claves que te acerquen a nuevos comentarios, a números que te hacen divagar, a especulaciones de una necesidad innecesaria, de una soledad que me protege y en la que encuentro desolación, pero que jornada tras jornada vuelve para sentarse a mi lado y hablarme entre unas piernas cansadas.
Es lo que me hace levantarme de nuevo y pasear por estas páginas, encender la escucha en la que las palabras se desordenan y traspapelan, en las que giran y giran más deprisa que mis dedos y se pierden en los olvidos de una velocidad imposible de escuchar.
Aunque veo la claridad, es una claridad a medias, una claridad que se vuelve espesa al pasear a su lado, una claridad que me ata a una mente que se distancia y se espera, a un caminar que todos los cielos espesan dentro de cada nube, para llegar a la lluvia por los torrentes que inundan el paisaje desde el que vuelvo de nuevo a conectarme.
Todo se para y vuelve a dejar la nada entre montañas y bosques, entre la flor que ilumina el Sol, entre los pequeños dibujantes en forma de conejos, liebres, insectos, pajarillos revoloteadotes o inmensos vuelos de unas águilas que aparecen y desaparecen entre vueltas y más vueltas que enredan mi alma.
Escuchote alma mía, desde el frío de un corazón que se ablanda, desde las fronteras que me hacen gritar hasta el fuego en que arde estas brasas que me hacen cortar con lo que terrenalmente me invada en esa mirada interior desde la que puedo contar hasta el número infinito en que llego a estar tan dentro que es imposible poder respirar en las afueras de la verdad que me invade.
Miguel José
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Podía haberte escuchado cuando nacía por entre tus labios, palabras que enfundaron un camino que me hizo llegar hasta tu lado, recto en las curvas que me hacían derrapar, distante en las rectas donde tus manos se entrelazaban para no escuchar mi respuesta.
Es la hora de comenzar a agradecerte que pudieras haberme recibido, que tuvieras el coraje de llegar hasta tan lejos frente a las quejas de quiénes te rodeaban hasta el cuello para obligarte a cambiar la historia.
Nunca he sabido quién eras ya que tus palabras me cogieron con unos años en donde no entendía esas lágrimas, pero ahora vuelvo a recordar en una mente que a duras penas puede volver a construir aquellas imágenes.
Pero se que estás a mi lado, dentro de este oído por donde penetra esta música que me hace reconocerte, para enseñarme los colores con los que volver a pintarte, con los que volver a llorar por tu gran pasión sobre quién salio de tu vientre.
Que lujazo haberlo compartido con el hermano que años atrás pudo disfrutar de tu calor, que lujazo escucharte de nuevo entre mis manos con el soplo de aquellas velitas en las que me iba haciendo mayor, con las lágrimas que puedo escuchar saliendo de este presente que se me acaba de escapar.
Y dejo que vuelvas otra vez a mí para besarte con fuerza, para abrazarte por que siempre es el día de darte las gracias, por el cariño que encerraste en un lugar muy profundo de este corazón que te adora y te adorará hasta el día en que nos volvamos a encontrar.
Ya se que es un pensamiento de un ser humano enamorado de la belleza que contiene una madre, de la sabiduría que completa un padre, y de la fraternidad que comparte un hermano en la misma sangre de aquel amor que nos hizo convertirnos en hombre.
Sigo escuchando tus acordes entre los labios que me siguen besando, entre esas manos que me regañaban para entender que solo querías mi educación, que era esa educación que se construyó a tu alrededor, pero con la mirada que penetra en el pequeño infante que vuela para encontrar su libertad.
Libertad que pudiste encontrar en el lecho de aquella muerte, en la profundidad del corazón que nos enseñaste durante los años que nos regalabas entre llamadas y miradas, entre silencios y palabras, entre los momentos en que te disfrutaba al volver a casa.
Volver de nuevo a tu lado, es encontrarme de nuevo en aquella casa, con tu hombre que me cautivaba en los pequeños discursos de su vida, junto al cariñoso hermano que paseaba de lejos en los miedos que construía y destruía, para dejarme envolver en el hombre que debía ser en la familia que me completaba.
Pero hubo algo muy dentro de mí que me hizo escuchar a la libertad que había perdido, a esas palabras que me endurecían para no llegar hasta el fondo de mi dios que me llamaba todos los días, un dios que fue llegando al marchar de mi lado.
Un lado que ahora escucha esas palabras que me decías desde el interior de una tarde junto a la cocina, y mi libertad comenzó a desbordar los ríos de mi interior, la humildad que encuentro en la compasión hacia mi propio ser, para sentir que estoy llegando a la cercanía de esa parte que lleva llamándome para encontrarnos juntos en el amor
Amor que brota y dibuja esta acuarela desde la que completar el paisaje de una vida en la que puedo elegir los colores y enamorarme otra vez de ti, de él y de mi tate, porque así lo siento y quiero por los siglos de los siglos en el universo de este sueño del despertar.
Miguel José.
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Soy la fuerza que nace de mi interior, puedo abrir los bolsillos en las que escondía aquellas palabras, en las que encerraba rabietas y miserias que encendemos para seguir adelante en la ruleta que luego nos arrastra hasta los vientos y mareas que se posan delante de esta mirada que escucha sin entender.
Decido qué vivir, por donde atajar cuando no se tomar las riendas que me sujetan, cómo vivirlo en la locura de que ello viaje fuera de aquello que me manejaba, porqué vivirlo sin escuchar a las voces que intentan dejarme sus miedos entre imagen e imagen.
El hombre hace, después de que dios nos hace regalando toda la inmensidad que contiene este universo, hago entregándome a lo que tenga que ser entre caminos y valles, pues siempre encuentro que puedo perdonar aún después de haberme precipitado a un vacío que poder evitar.
Porque me he perdido tantas veces en la perfección, en colocar los papeles todos iguales, en que los lápices tuvieran el mismo largo, en que la máquina de grapar estuviera en el lado derecho, en esa manera en que han llegado a completar tantos pensamientos que ahora veo y no juzgo.
Y me perdono con mucha fuera, en la interioridad de esta amor que puedo escuchar cuando vuelvo a dejarme llevar por la estrechez de la experiencia, cuando un beso aparece para llevarme a una mirada, cuando una mirada me da la mano y camino junto a ella sin esperar nada a cambio.
Un cambio que aparece cuando puedo observarme y verme desde una cierta distancia, cuando siento que esta bien todo lo que aparece en el cercano horizonte, cuando las palabras llegan a través de intercambios en los que dar las gracias y sentir que el camino está ayudándome a seguir entre curvas y rectas que dibujan aquella mirada infantil que ahora vuelve a acostarse entre las almohadas que completan mi cama.
Sábanas que colorean los espectáculos que mi sueño adormece, que los truenos en que se convierten los seres que encuentro dentro de mis párpados hacen llover nuevas noches desde las que poder hablarme sin tener que despertar a un cuerpo que trabaja en su propia existencia.
Así llegan los días después de las noches, los descansos después de los trabajos en que siento mi cuerpo completar los años que van cubriendo sin obligarme a seguir con fuerza, los triunfos que encuentro al hacer sin esperar recompensas ni trofeos, sino entendiendo que el solo hacer completa ese ciclo que ahora pasa a mi lado para hacerme sentir maduro en mi propia alma con el corazón vivo y la sangre dispuesta a seguir alimentando un nuevo proyecto.
Miguel José.
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